22 dezembro 2009

¿Por qué prohibir?




J. L. LÓPEZ DE GUEREÑU POLÁN - Pontevedra - 23/12/2009

La tauromaquia:
una fiesta que entraña tradición, cultura, historia... Es una fiesta arraigada y es uno de nuestros sellos de identidad. ¿Por qué privar a los siete millones de catalanes de poder disfrutar de las corridas? ¿Por qué vernos privados de nuestra libertad? Quien quiere, paga su entrada y disfruta del espectáculo y quien no quiere, no va, a nadie se le obliga. Cada uno es libre de decidir sobre el qué hacer en su tiempo libre.
Prohibiendo a los menores de 14 años la entrada en la Monumental se empezó a crear una ambiente de rechazo hacia la fiesta taurina aprovechando los fáciles argumentos del maltrato del toro. Este debate se ha llevado al terreno de la defensa del animal sin saber realmente que gracias a la fiesta taurina el toro de lidia existe. Sabemos que hay vacas que se dedican a dar leche, otras dan carne, pues bien, el toro de lidia sirve para torear. Hay extensas hectáreas dedicadas a la cría de toros, esas tierras se mantienen en buen estado y los toros viven con todos los cuidados. Gana el ecosistema y ganan los animales.
Si el toro ha demostrado su valentía y su coraje, se le indulta. El toro volverá a su ganadería y el resto de sus días los pasará en el campo montando a cientos de vacas y con todos los honores y privilegios que se merece. Si no es así, después de 20 minutos de corrida se le dará muerte y se irá de esta vida habiendo demostrado sus dotes y, gracias a él, miles de aficionados habrán vibrado, temblado y se les habrá puesto la piel de gallina.
No me robéis la libertad de decidir si ir a ver los toros o no.- Carlota Sáenz Guillén. Lliçà d'Amunt, Barcelona.
A mí me gustan tanto los toros que no quiero que se les martirice ni se les maltrate. El que quiera hacer negocios que los haga sin hacer sufrir a ningún animal para venderlo como espectáculo. Visca Catalunya, siempre por delante en el conjunto de España. Soy gallego y amigo de los toros... enemigo, por lo tanto, de los verdugos.

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